Adolfo Alcaide tiene más de 35 años de complicidad con el arte.

Desde los trece años que ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Madrid, sus manos no han dejado de investigar con el volumen, lo que le declara escultor por afición y por oficio.

A través del dibujo o de la talla en sus materiales preferidos, el bronce y la madera, ha logrado renunciar a la frialdad de la línea recta y también a la plasticidad acaramelada de las suaves curvas. Creando dibujos y esculturas dinámicas, de volúmenes imposibles, de formas transgresoras e intuitivas, impregnadas de túneles, agujeros y oquedades, cargadas de una gran sensualidad, unas veces sutil otras agresiva.

En resumen Alcaide nos ofrece formas que, junto con la calidez de la madera o el pulido del bronce, traspasan la frontera del ver y hacen del tacto algo casi necesario.